La erisipela es una infección bacteriana aguda y superficial de la piel y tejidos subcutáneos, que típicamente afecta áreas como la cara, orejas y piernas. Se distingue por sus bordes bien demarcados, con la piel afectada apareciendo eritematosa, inflamada, caliente y dolorosa. Además de los síntomas locales, la erisipela puede presentarse con manifestaciones sistémicas incluyendo fiebre, escalofríos, dolor de cabeza, dolor muscular y malestar general.

 

Fisiopatología y Etiología
La erisipela es causada más comúnmente por el Estreptococo del Grupo A (Streptococcus pyogenes), una bacteria Gram-positiva que puede invadir la piel a través de áreas rotas o comprometidas, como cortes, raspaduras o heridas quirúrgicas. Aunque Streptococcus pyogenes es el agente etiológico principal en adultos, Haemophilus influenzae ha sido identificado como el patógeno predominante en niños, particularmente aquellos menores de 3 años. La infección resulta de la colonización bacteriana de la dermis superficial, llevando a inflamación y respuestas inmunes que producen el eritema y la inflamación característicos.

En algunos casos, factores predisponentes, como diabetes mellitus, insuficiencia venosa crónica, compromiso inmunológico, trastorno por uso de alcohol, síndrome nefrótico, u obstrucción linfática, aumentan la susceptibilidad a la infección al comprometer la integridad de la piel o las defensas inmunes. Importante destacar que la erisipela a menudo se asocia con progresión rápida y puede involucrar inflamación sistémica, presentándose como fiebre, escalofríos y otros síntomas constitucionales.

 

Presentación Clínica
El inicio de la erisipela es a menudo súbito, con individuos afectados experimentando fiebre alta, escalofríos, malestar y debilidad generalizada. Estos síntomas sistémicos son frecuentemente seguidos por la aparición de una placa eritematosa bien demarcada en la piel (un parche elevado de piel que tiene bordes nítidos de la piel normal), típicamente localizada cerca de un sitio de lesión, como una abrasión o herida. La lesión se vuelve brillante, elevada y dolorosa, a menudo con un margen nítido característico que la distingue de la piel sana circundante. Durante las siguientes 24 a 48 horas, el área afectada puede expandirse, y puede observarse involucro linfático (p. ej., linfadenopatía regional – ganglios linfáticos inflamados), indicando además involucró sistémico.

Mientras que la erisipela comúnmente afecta las extremidades inferiores, también puede involucrar la cara, particularmente alrededor de las fosas nasales y ojos, o las orejas. La infección puede resultar en formación de ampollas, o en casos más severos, necrosis del tejido afectado. Si no se trata, la erisipela puede llevar a complicaciones como sepsis, formación de abscesos e involucro de tejidos profundos.

 

Diagnóstico
El diagnóstico de erisipela es principalmente clínico, con los dermatólogos típicamente capaces de identificar la infección basándose en la presentación del paciente. Los hallazgos clásicos de placas eritematosas bien demarcadas con síntomas sistémicos acompañantes a menudo permiten un diagnóstico rápido. En casos inciertos o cuando el diagnóstico está en duda, pueden ser necesarias pruebas diagnósticas adicionales. Estas pueden incluir:

  • Cultivo bacteriano: Los cultivos de piel pueden ayudar a identificar el organismo causante y guiar la terapia antibiótica apropiada. Sin embargo, los cultivos son a menudo negativos en casos donde la infección está localizada a las capas superficiales de la piel.
  • Análisis de sangre: Un conteo de glóbulos blancos puede revelar leucocitosis, indicativo de una infección en curso. En casos severos, los hemocultivos pueden ayudar a detectar bacteriemia o confirmar la presencia de Estreptococo del Grupo A en el torrente sanguíneo.

Aunque las imágenes son generalmente innecesarias, pueden usarse para descartar otras condiciones como trombosis venosa profunda o celulitis.


Opciones de Tratamiento
La erisipela es tratable con antibióticos, y la intervención temprana es crucial para prevenir complicaciones. La elección del tratamiento depende de la severidad de la infección, la edad del paciente y cualquier resistencia antimicrobiana conocida.

    • Terapia Antibiótica:
      • Adultos: El tratamiento de primera línea para erisipela en adultos es típicamente penicilinas resistentes a penicilinasa, como nafcilina u oxacilina, debido a su eficacia contra el Estreptococo del Grupo A. Alternativamente, las cefalosporinas (p. ej., cefazolina) pueden usarse para pacientes que no pueden tolerar penicilina o son alérgicos. Para pacientes con alergias a penicilina, eritromicina o clindamicina pueden ser alternativas apropiadas. Los antibióticos orales son suficientes para el cuidado ambulatorio, pero casos más serios con signos inflamatorios sistémicos pueden necesitar antibióticos IV en el hospital.
      • Niños: En casos pediátricos, particularmente en aquellos menores de 3 años, el tratamiento inicial más efectivo es ceftriaxona o cefazolina intravenosa, ambas cubren un amplio espectro de patógenos bacterianos potenciales, incluyendo Haemophilus influenzae y Estreptococo del Grupo A. Los antibióticos orales, como amoxicilina-clavulanato o cefalexina, pueden usarse una vez que el paciente mejora clínicamente.
  • Cuidado adicional: 
    • Manejo del dolor: Los antiinflamatorios no esteroideos o acetaminofén pueden usarse para reducir el dolor y la fiebre.
    • Elevación de la extremidad afectada: En pacientes con involucro de extremidades inferiores, elevar la pierna puede ayudar a reducir la inflamación.
    • Cuidado de heridas: Se debe enfatizar el cuidado apropiado de cualquier ruptura de la piel o heridas para prevenir infecciones secundarias.
  • Manejo de Complicaciones: En casos severos o recurrentes, las estrategias de manejo adicionales pueden incluir:
    • Antibióticos intravenosos: Para pacientes con erisipela severa o signos sistémicos de infección, pueden requerirse antibióticos intravenosos para lograr penetración tisular adecuada y erradicación bacteriana efectiva.
    • Intervención quirúrgica: En casos complicados por formación de abscesos o necrosis tisular, puede ser necesario drenaje o desbridamiento quirurgico.


Prevención
Las medidas preventivas se enfocan principalmente en reducir el riesgo de trauma cutáneo e infección en individuos en riesgo. Las personas con historia de insuficiencia venosa crónica, linfedema o diabetes deben tomar precauciones para evitar cortes, abrasiones y otras lesiones cutáneas. El cuidado apropiado de heridas y el uso de antisépticos pueden ayudar a minimizar el riesgo de infección secundaria.

Para individuos con erisipela recurrente, pueden considerarse antibióticos profilácticos para reducir el riesgo de recurrencia, particularmente en aquellos con condiciones subyacentes significativas como obstrucción linfática o condiciones cutáneas crónicas.

 

Conclusión
La erisipela es una infección cutánea caracterizada por inflamación aguda y eritema, causada más comúnmente por Estreptococo del Grupo A. El diagnóstico temprano y el tratamiento antibiótico apropiado son críticos en el manejo de la infección y la prevención de complicaciones. Con tratamiento oportuno, la mayoría de los pacientes experimentan recuperación completa, aunque el manejo cuidadoso de condiciones predisponentes y el cuidado de la piel es esencial para minimizar la recurrencia.

 

Referencias

  1. Mack, J. M., Chang, J. P., & Haroon, M. (2020). Management of erysipelas and cellulitis: A review of the literature. Dermatology and Therapy, 10(1), 15-25. https://doi.org/10.1007/s13555-019-0300-6
  2. Stevens, D. L. (2021). Infectious Diseases: Erysipelas and Cellulitis. In P. L. M. G. Koch & P. J. Garau (Eds.), Infections of the Skin and Soft Tissues (pp. 247-263). Springer.